martes, 3 de marzo de 2009

Cap. 2: Mi primera vez

Cuando tienes una joroba en tu espalda, nadie te preguntará jamás cuando te vas a echar novia, si por el contrario, eres deportista y físicamente no eres deplorable, la pregunta en cuestión te la plantean casi todos los días. La necesidad de tener una novia o la posibilidad de tener una relación sentimental con alguna chica no era algo que me pareciera urgente, ni tan siquiera me parecía necesario. Pero las cosas no funcionan así, uno a veces no hace lo que quiere sino lo que quieren los demás, y cuando se trata de mujeres esto se cumple por partida doble. En primer lugar porque realmente lo que nosotros queremos no es lo que ellas quieren y segundo porque para obtener lo que realmente queremos debemos dar lo que ellas quieren, impidiendo que consigamos lo que nosotros queríamos.
Conocí a Jane en el baile del instituto, a pesar de su nombre no era una estudiante de extranjera ni nada parecido, su madre era una seguidora incondicional de las películas de Tarzán. Siempre me quedé con la duda de saber que nombre le hubieran puesto a la pobre en el caso de haber sido un varón. Creo que Jane se quedó conmigo ese día en el baile porque fui el único chico que cuando se la presentaron no dijo "tu Jane, yo Tarzán", la falta de sensibilidad de la gente me repugna. Estuvimos charlando y bailando durante un par de horas antes de ir a los reservados a meternos mano, que al fin y al cabo era el objetivo principal de estos bailes. De Jane principalmente me llamaron dos cosas la atención, se comportaba como los chicos y tenía unas grandes tetas, y no en ese orden, pero obviando la segunda sobre lo que se puede aportar muy poco, la primera y teniendo 16 años era muy chocante. Pedía birras y no cervezas, te daba golpes con el hombro cuando soltabas alguna gracia y jamás te tocaba el pelo.
Los recuerdos que tengo del reservado me dejaron un gran sabor de boca, supongo que aquel enorme chicle de menta que estuvimos intercambiando durante casi dos horas tuvo mucho que ver, aunque supongo que también influyeron mucho sus grandes tetas. Todos los muchachos estamos acostumbrados a espiar las tetas que tenemos en casa, ya sea por proximidad o por desfachatez es lo que hacemos todos, pero estas no eran familiares, eliminaban ese clima de culpabilidad de las otras y además podría llegar a tocarlas montándotelo medianamente bien. En mi caso me lo monte muy bien, aunque he de reconocer que las cosas no son tan sencillas como a simple vista parecen, todo tiene su truco y nunca mejor dicho. Tardé unos diez minutos en soltar el broche del sostén, una especie de conjura entre corchete y agarrador anti-dedos torpes que me impedía acceder al tesoro. Cada vez más nervioso, notaba como se retorcía, giraba y se enredaba sin éxito alguno. Recibí un primer aviso como los toreros malos, ese "te ayudo" provocó más nerviosismo. Al final no sé muy bien como lo hice, puede que se soltara solo, el caso es que la grandeza se derramo como una marea sobre un dique roto. No comprendo cómo pueden llevar esas ortopedias sin crearles un trauma. Por cierto ¿se ha fijado que en las películas cuando a una chica le quitan el sostén nunca la quedan marcas? A parte de ese pequeño inconveniente y la sorpresa que se llevó cuando me tocó el paquete todo fue bastante normal. Después del faje, recuerdo los comentarios jocosos por parte de ambos, en un tono gracioso pero respetuoso. Algo así como ¿no nos vamos a hacer daño, verdad?, los dos teníamos grandes atributos que ofrecer y que ocultar, en mi caso os puedo asegurar que dos horas de enfebrecida erección habían producido tal cantidad de semen que la mano de Jane apenas era capaz de abarcar mis pelotas, y su caso, a pesar de no generar leche como yo, era imposible que ninguna de mis manos acogiera la inmensidad de uno solo de sus pechos.
No debí portarme muy mal con ella ya que al finalizar el baile me dijo que si quería podía llamarla cualquier día para salir y tomar algo, recorrí todo el camino a casa tragando saliva, supongo que como recuerdo del chicle.
Tras unas cuantas citas nos propusimos, es la única forma que tengo de explicarlo, tener un primer encuentro realmente sexual, algo que provocase enfriamiento y no calentura como los anteriores. Una vez tomada la decisión empezó una carrera frenética para obtener la infraestructura necesaria para llevarlo a cabo, como verán me he puesto en plan muy profesional, porque siempre he creído que las cosas hay que hacerlas bien si vas a hacerlas y si no es mejor dejarlas. El lugar elegido fue mi casa por ser menos peligrosa, la ausencia de hermanos y padres durante periodos más o menos largos hacía menos arriesgada la situación. El momento que estábamos buscando apareció cuando mis padres dijeron que el fin de semana nos íbamos al pueblo, me surgió de repente un partido crucial ese sábado y no podía ir a ver a la abuelita, con la ilusión que me hacía, una verdadera lástima. Ya tenía casa.
La única contrariedad fue la seguridad, con todo ese ajetreo había olvidado mi pequeño problema médico, no fabricaban preservativos con depósito de litro. Después de pensar profundamente en el problema, decidí que la única alternativa viable era adoptar dos métodos de protección que se complementasen. Supongo si se lo contará a la gente, algunos graciosos pensarían "este se pone una bolsa de basura en lugar de un preservativo" o "metete una sonda capullo", claro es divertido cuando el problema no es tuyo, pero con 16 años la cara llena de erupciones de acné y una erección permanente, la perspectiva no es la misma. Como le decía, la única alternativa que se me ocurrió fue la de utilizar dos métodos anticonceptivos que se complementasen. Si desglosamos el problema punto por punto veremos que la solución es simple, por un lado tenemos un problema de eyaculación, esta eyaculación como ya sabemos no cabe en un preservativo "normal", por otro lado, no existen preservativos "anormales" tipo bolsa de basura como pensaba el gracioso. Si el preservativo es un elemento obligatorio y no puedo eyacular dentro de él, la solución es simple, utilizo el preservativo para el coito y en el momento de eyacular me lo quito.
A esta solución a priori simple, le faltaba algo por solucionar ¿cómo iba a reaccionar Jane? Me planteé contarla mi problema antes de llegar al momento cumbre, pero lo descarté enseguida, finalmente decidí explicárselo después, así al menos me quedaría el buen sabor de boca. Todo estaba preparado para la gran cita, las escopetas cargadas y las dianas preparadas, los medios, la infraestructura y el tiempo perfectamente coordinados. Mis padres se fueron el viernes por la tarde, alrededor de las ocho fuimos a mi casa, merendamos y nos dedicamos a mirarnos tiernamente sentados en el sofá, había llegado el momento y ninguno daba un paso adelante. Muy lentamente entre sonrisas forzadas nos fuimos relajando, hasta conseguir que el encuentro fuera uno más, chicle incluido. Todo discurrió sin grandes sobresaltos ni torpezas, fue ella la que desató el maldito sujetador y salvo algún pequeño rifi-rafe con el condón, nada importante. Logré arrinconar en una esquina de mi cerebro las imágenes mentales de la cara de Jane cuando viera lo que se le venía encima.
Estaba tan feliz, tan sofocado y jadeante, que no me daba cuenta que llegaba el final, noté una presión en la parte baja de mis testículos, sin lugar a dudas, aviso que me advirtió de que el gran momento se acercaba, me olvidé de Jane y de mi cerebro y me dediqué a sentir, notar como el semen entraba en ebullición en su gran cazuela.
Fue fantástico. Tras un último intento por retrasarlo me mantuve firme con el guión establecido, la saqué precipitadamente y arranqué de un tirón el preservativo. Lo recuerdo como si lo viera en cámara lenta, el primer chorro salió disparado como por una catapulta, volaba y volaba, con una trayectoria ascendente dibujó un arco en el aire y terminó cayendo por encima de la cabeza de Jane que levantaba los ojos siguiendo la trayectoria del chorro. Miraba asombrada hacia arriba cuando salió el segundo goterón, más caudaloso que el primero, su trayectoria fue más corta y cayó como un cubo de agua fría en la cara de Jane. Recuerdo nítidamente su expresión de sorpresa intentando esconder la cara, abrió la boca para expresar su conmoción cuando la alcanzó el tercer chorretón. Con una precisión envidia de los mejores artilleros del capitán Morgan, entró en la boca abierta golpeando la campanilla. No fue música lo que provocó exactamente, a partir de ese tercer obús, todo fue confusión, yo seguía eyaculando como suele ser habitual en mí, y Jane se revolvía en la cama, intentando salir de entre mis piernas, sacudiendo sus enormes tetas, no podía esconderse de las salvas que le caían.
Creo que si no hubiera sido por ese repique de carillón, mi relación con Jane aún podría haberse salvado. Tuve que limpiar la habitación y el pasillo de leche y el cuarto de baño de su vomitona. Creo que no comentó nada a sus amigas de la pandilla, lo que hubiera sido mi ruina social, ya que supongo que la situación no la dejaba en muy buen lugar.
Esta primera vez, a pesar del resultado final no fue traumática para nada, he de confesar que me sentía orgulloso, había logrado que la chica tuviera un orgasmo antes de tener yo el mío y lo otro, bueno forma parte de mi problema por lo que tampoco hay que darle tantas vueltas, ni exagerar las cosas, un poco de leche no le hace daño a nadie.