jueves, 7 de mayo de 2009

Cap. 10: El rodaje

Con mi nueva mochila y el estómago lleno, fuimos a los estudios donde se estaba rondando la película, siempre me lo había imaginado como un gran hangar en el que los cables y los focos poblaban cada rincón, pero lo que encontré no se parecía en nada. La verja de forja, decorada con flores de lis, cerraba el paso a un jardín lleno de palmeras y árboles tropicales que dejaban entrever los muros de una mansión. Entramos con el coche cuando nos abrieron desde el portero automático y circulamos por un camino asfaltado, rodeado de un auténtico vergel de flora, los olores que entraban a través de las ventanillas impregnaron el interior del coche con aromas dulzones de frutas tropicales.

Llegamos a un aparcamiento en el que había una decena de vehículos, me llamó la atención el contraste que había entre ellos, al lado de un deportivo negro deslumbrante, estaba una furgoneta absolutamente destartalada, perteneciente a una empresa de electricidad. Salió de la mansión a recibirnos un hombre joven, al que seguimos tras los saludos de rigor. Nos guió por un vericueto de pasillos y escaleras hasta una zona que parecía un campamento militar, cables, focos, cajas y todo tipo de aparatos que no identifiqué estaban esparcidos por el suelo sin orden ni concierto; los técnicos se movían entre todo este caos como bailarines en el ballet, sin tropezarse y sin añadir más caos al reinante en esos momentos.

Cuatro puertas conectaban esta sala de máquinas con el resto de habitaciones, una de ellas estaba dominada por una enorme cama cuadrada, era tan ancha como larga; también había un armario, una mesita y un pequeño sillón. En otra de las habitaciones estaba el baño, nunca en mi vida había visto un baño con dos retretes, era un auténtico espectáculo, una bañera para tres con grifos dorados, que espero, no fuera oro de verdad, me dejó con la boca abierta durante un buen rato. Qué diferencia, nosotros en casa de mis padres con un baño para todos y con ducha en lugar de bañera, por supuesto.

La tercera habitación se utilizaba como vestuario para los actores, cuando nos la enseñaron había un par de sementales dentro, uno blanco y otro negro, ambos medio tumbados en un sofá viendo la televisión. La cuarta la habían convertido en el cambiador para las actrices y como dice el refrán, había quedado lo mejor para el final. Era lo más próximo a la imagen que yo tenía del paraíso, casi una docena de chicas esparcidas por doquier, hacían que la habitación, que era enorme, pareciera ridícula. Rubias en camiseta, morenas en chándal, pelirrojas en ropa interior, un Arca de Noé de la diversidad femenina. Maquilladoras dando los últimos retoques, peluqueras secador en mano arreglando melenas o armadas de afeitadoras retocando pubis, reflejaban la escena del cielo en la tierra.

Ellas, ajenas a la intrusión que suponíamos en su mundillo, se desperezaban, fumaban, charlaban o reían en una imagen digna del mejor Jardín de las Delicias. Fue un auténtico manjar para la vista y una inmejorable promesa de lo que me iba a deparar ese día de rodaje. Con el paquete absolutamente empalmado nos llevaron de nuevo a la planta baja, Vends quería hablar con el director de algunos detalles de última hora, por lo que me dejaron a mi libre albedrío y con permiso para fisgar por donde quisiera.

En la cocina me encontré con dos o tres chicas preparando bocadillos para la comida, el ambiente parecía bastante festivo, tardaron en darse cuenta que había entrado. Me llamó la atención un cuenco lleno de agua, o al menos eso parecía, en el que flotaban imitaciones plásticas de penes, los había de varios tamaños y colores, uno incluso era una especie de tubo con un capullo en cada punta. Yo sabía para lo que se empleaban, casi todos al menos, pero nunca había visto uno en vivo, me sorprendió su realismo, se apreciaban hasta las venas. No me había dado cuenta que estaba prácticamente encima del cuenco de los aparatos hasta que oí una gran carcajada a mi espalda, todos en la sala me miraban y reían, comentando con gestos y burlas mi actitud hacia los susodichos artículos. Rojo como la grana me fui en busca de nuevas curiosidades que sabía me depararía este planeta, tan peculiar y distinto de todo lo que yo había visto hasta entonces.

Una vez empezado el rodaje, todo fue silencio y quietud, me prestaron una silla desde la que poder ver las escenas que se iban a rodar y unos auriculares para escuchar los diálogos, en realidad la escena no tuvo mucho diálogo, salvo los lamentos de las dos actrices y los resoplidos del actor que protagonizaron la escena, por lo que no fueron necesarios.

La simplicidad del guión me sorprendió, llaman a la puerta, una rubia cañón se levanta del sofá y abre, entra otra chica pelirroja, se dan besos de saludo con una clara connotación sexual, baja el chico con el torso desnudo por las escaleras y también saluda a la recién llegada. Abraza por la cintura a ambas mientras ellas posan sus manos en sus fornidos pectorales, un gran bulto se deja ver en el pantalón del actor y otro no tan grande en el mío.Y ya está, el resto es fácil de imaginar, las manos de la cintura se deslizan por los culos de las dos actrices mientras las manos de ellas bajan por los marcados abdominales hasta posarse encima del paquete. Besos con lengua en la distancia y pechos al aire en menos de tres minutos de rodaje, allí no se finge nada, todo es real y manipulado al mismo tiempo.

El director va indicando, al actor sobre todo, "saca el pecho izquierdo y lámelo", "sube la falda un poco más que no se bien", "id girando para que vuestros cuerpos queden frente a la cámara". La escena va subiendo de tono a medida que las actrices se mezclan con el actor, las combinaciones pene-boca, boca-boca, mano-pecho, se repiten y alternan una y otra vez. En la cama, los tres desnudos, al menos él, ya que ellas conservan los tacones de aguja, las medias y el portaligas. Una de ellas, conserva el sostén del que rebosan dos grandes tetas que se bambolean al compás de las acrobacias, se inicia un baile de rozamientos, poses y posturas inverosímiles que muestran a tres profesionales, nunca pierden el objetivo, siempre muestran a las cámaras que les siguen sus mejores o más bien, sus más interesantes partes.

Durante una de las tomas, estaba el chico tumbado boca arriba en la cama, tenía sentadas a horcajadas encima de su cara a la rubia y cabalgando sobre su pene a la pelirroja, el sudor perlaba su pecho y sus manos no daban abasto, pasaba de las tetas de una al culo de la otra, sin dejar a ninguna sin su ración, cuando el director empezó a gritar, se había colado uno de los técnicos por detrás de la escena y se le veían las piernas a través de la cortina.La bronca desembocó en un pequeño descanso, agua y toallas para todos, cinco minutos y se reanuda la secuencia, el actor retoma su posición y sus partenaires, algo más frescas tras el breve descanso, se frotan, teatralmente ansiosas contra todo lo que encuentran, pecho contra pecho, manos sobre coños y besos a tres bandas. Una bacanal que no me deja indiferente y que por lo que puedo observar a nadie del plató, grandes bultos despuntan bajo los pantalones, los cámaras, el del sonido, incluso Vends, que se retuerce en su silla intentando ocultar lo que es obvio para todos. Una de las maquilladoras, se frota contra el respaldo de una silla, no creo que fueran ladillas, debió ser ardor interno, nadie se escapa del clima sensual extremo que se vive en la habitación.

Dos horas de rodaje me demostraron que las posturas del Kama-Sutra se pueden llevar a cabo, pero requieren de entrenamiento, aprendí como pequeños trucos ayudaban a los actores a mantener el ritmo que supone el rodaje de una escena así y como los técnicos saben conducir la acción para ir conectando unas escenas con otras, dándole sentido al caos de posturas, indicaciones y tejemanejes que se llevan a cabo por toda la escena, haciendo que lo que ves en tu casa no se parezca en casi nada a lo que vi yo en directo.

La última escena que estaba previsto rodar era el orgasmo del actor, según figuraba en el guión, que había leído, este tenía que vaciarse sobre sus dos compañeras arrodilladas. Durante las últimas tomas, había notado como la erección del semental había ido bajando, se mantuvo a duras penas en un estado semierecto hasta el que el director gritó: “Coupent”. El descansen a la tropa no hubiera hecho más efecto, su pene se dobló sobre sí mismo de manera ridícula, sobre todo teniendo en cuenta que estaba delante de más de veinte personas. Las actrices, más duchas en este tipo de lances, aprovecharon para salir de la sala, hablaban entre ellas en inglés o alemán, no supe distinguirlo, pero no parecían muy contentas. Por lo que me explicó Vends, esto suponía prolongar al menos dos horas más el rodaje, debían esperar hasta que al tipo se le volviera a poner dura, incluso podría suceder, que no pudiera volver a funcionar, al fin y al cabo esto no es un mecanismo que si falla se engrasa un poco, se hacen unos ajustillos y listo, a funcionar. Estamos hablando de un apéndice que es totalmente independiente, podría incluso decirse que tiene su propia vida y mentalidad, no hace caso a nuestras llamadas de socorro, ni atiende súplicas, por supuesto, mucho menos órdenes o insultos. En el peor momento decide levantarse, dejando ver que es él quien manda y cuando más lo quieres se esconde en su caparazón, provocando complejos que duran años y años. Un viejo amigo mío decía que el miedo, es la primera vez que no puedes hacer el amor dos veces seguidas y el pánico la segunda vez que no lo puedes hacer una, imagínese lo que estaba pasando por la mente del artista-semental, delante de dos soberanas mujeres dispuestas para él y con más de veinte personas entre el público y el pajarito que no quiere salir para hacer la foto. En fin, sigamos con lo que sucedió aquel día.

Los murmullos se extendieron como un reguero de pólvora, el run-run fue creciendo, provocando una situación difícil de controlar, cuanto más crecían cuchicheos, más se le encogía el órgano al galán. Como medida extrema, una vez que se vio que aquello no funcionaba entró en la sala una chica vestida, esto que no hubiera llamado la atención en cualquier otro sitio, allí si lo hizo, ver a una mujer vestida en aquella sala chocaba bastante. Llevaba un pantalón vaquero y una camiseta, no era tan guapa ni tenía tan buen tipo como las actrices, pero demostró ser tan profesional como estas, no en las artes cinematográficas, pero si en las otras. Se arrodilló entre las piernas del pistolero sin pólvora y se introdujo el miembro en la boca, mientras le acariciaba el culo con una de sus manos. La felación duró unos diez minutos, se afanaba por hacer que aquello ganase consistencia pero no había forma. Se fueron al cuarto donde se vestían los actores, supongo que para ganar intimidad y ver si aquello reaccionaba.

Vends se apartó del plató con el director agarrado del brazo, cuchicheaban y parecían discutir algún tipo de solución que les permitiera continuar con el rodaje. Cuando volvieron, venían con una de las actrices. Era una chica de Checoeslovaquia o de Rumania, no lo recuerdo, pero si recuerdo el nombre, ya que después de aquel día, la he vuelto a ver protagonizando muchas otras películas. Se llamaba Mancamai Întreg, llevaba una bata floreada, que más que tapar, sugería a través de la ligera tela, todos los encantos con los que la sabia naturaleza había dotado a esta auténtica belleza del porno. Me pidieron que les acompañara, querían enseñarme algo, pero no comprendí que era por lo que les seguí a la planta baja del lujoso chalet, me quedé un par de pasos por detrás de ellos y poder así disfrutar de las estupendas vistas con las que me brindaba nuestra acompañante. La bajada de las escaleras me supuso más de un traspié, casi caigo rodando, el balanceo de las caderas ocasionaba un efecto de flan blandengue en los cachetes de su mofletudo culo, haciendo que mi erección creciese de una manera desproporcionada. Cuando llegamos a la cocina, casi no podía juntar las piernas, tenía las pelotas a punto de explotar y me dolía muchísimo la entrepierna, sobre todo las ingles que eran las que sujetaban todo el peso.

Entre Vends y el director me explicaron que sin el actor en pleno estado de forma, no habría manera de continuar, iban a perder muchísimo dinero, las actrices tenían otros compromisos y se veía comprometido todo el trabajo. En fin toda una serie de rodeos para finalmente pedirme que les ayudase con la última secuencia, la eyaculación. Yo me debatía entre dudas, cuando la actriz colgándose de mi hombro, apoyó una mano sobre mi paquete y la otra en la nuca, con manos expertas, bajó la cremallera del pantalón e intentó, sin éxito, extraer el miembro por la abertura. Soltó el cinto y el botón que sujetaban los pantalones haciendo que resbalaran hasta los tobillos. Tras el pantalón fue el calzoncillo, dejando al aire una soberbia rigidez, digna del más absoluto priapismo y unos testículos tan grandes como sus manos.

El asombro apareció en las caras de los tres personajes, Vends terminó de creer lo que le había contado Rassasi, me preguntaron si sería capaz de mantenerme así un rato más en lo que preparaban todo para el rodaje de la escena, pero Mancamai, mostró mucho más sentido común que ellos dos. No se podía rodar la escena en ese estado, estaba claro que el tamaño de semejantes atributos no se parecía en nada a los que tenía el actor que había participado en la escena, o la rodábamos de nuevo conmigo como protagonista o se notaría tanto que no valdría para nada. Estuvieron discutiendo entre ellos durante varios minutos hasta que logré que me escuchasen, no estaba dispuesto a ser el protagonista de la escena, había una alternativa, pero antes de seguir adelante, deberíamos hablar de algunos. Vends, que para las cosas del dinero era muy espabilado, enseguida lo comprendió y me ofreció un jugoso cheque que me ayudaría a cubrir “mis gastos”, no podía ofrecerme un contrato ni nada por el estilo por lo que la fórmula me pareció adecuada. Aún quedaba pendiente el tema de mi cara, no saldría en ninguna toma ni mi rostro ni nada que pudiera identificarme, eso lo dejé claro desde el principio.

Siguiendo con la propuesta que yo les había hecho, nos quedamos la actriz y yo solos en el cuartito que hacía las veces de despensa. La intención era descargar antes de poder rodar alguna escena, ya que como bien dijo Mancami, sólo consiguiendo un tamaño normal podría hacerme pasar por el actor en esa última escena. De manera un tanto tímida al principio, fuimos besándonos, nos acariciamos y jugueteamos con nuestros cuerpos. Comprobé con cierto descaro, que el flan que me había parecido su culo cuando bajaba las escaleras, realmente era más bien natillas y que a pesar de no haberme gustado nunca ese postre, en este caso, lo estaba disfrutando de lo lindo. Enseguida se le irguieron los pezones, pequeños para el gran tamaño de los pechos, pero duros como punzones estaban a punto de rasgar la delicada tela de la bata que los cubría. Noté con gran sorpresa, que ella era muy experta en el arte del cine, pero muy retraída en lo que se refiere a las relaciones personales, se la notaba retraída en algunos momentos, sobre todo cuando se producía algún ruido al otro lado de la puerta, como si pensase que nos estaban espiando y no la gustara.

Echamos un auténtico polvo, no muy largo pero si intenso, sin posturas raras, ni aspavientos, ni gritos enloquecidos, no me costó mucho olvidar que lo estaba haciendo con una profesional del séptimo arte, creyendo incluso por su forma de moverse que lo disfrutó. Con el día de sobrecalentamiento que llevaba la descarga fue un auténtico torrente, procuré apartarme de ella todo lo que pude a la hora de soltar la andanada, al fin y al cabo no dejaba de ser una compañera de trabajo, pero fue inevitable que alguna gota le cayese encima.

Fuera del cuarto nos esperaban el director y mi manager, ansiosos por recibir los comentarios sobre lo sucedido, pero la cara de estupor de ella lo decía todo, no encontraba palabras para describirlo, gestos de olas en el aire y explosiones como geiseres indicaron, mejor que mil palabras lo que había sucedido. Solo creyeron cuando vieron, entraron en la sala donde habíamos copulado para cerciorarse que lo que habían entendido era real. El enorme charco del suelo les hizo comprender realmente el alcance del diamante en bruto que tenían en sus manos.